¿Por qué orgullo?
Junio es el mes del orgullo gay porque en las primeras horas del día 28 del sexto mes de 1969, comenzaron una serie de protestas en Nueva York, conocidas como The Stonewall Riots.
Miembros de la comunidad LGBT se manifestaron espontáneamente, aquella madrugada durante una redada en el Stonewall Inn, un bar en Greenwich Village, en Manhattan. El local era popular entre las personas más pobres y marginados en la comunidad gay: lesbianas ‘marimachas’, hombres afeminados, travestis, personas transgénero, jóvenes prostitutos e indigentes. Habitantes del barrio, clientes del Stonewall y otros bares gay, se defendieron cuando la policía se tornó violenta. Estas protestas son uno de los eventos más importantes que llevaron a la liberación gay y la lucha actual por los derechos de la comunidad LGBTTTIQ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti, Intersexualidad, Queer [Tuve que buscar las siglas para no cagarla]) en Estados Unidos y el mundo.
Acompañando una fotografía de la bandera de arcoíris que hoy representa la comunidad LGBTTTIQ , con un cielo azul intenso de fondo, una amiga publicó en su perfil de Facebook un mensaje, expresando que la orientación sexual nada tiene que ver con la calidad humana de las personas, y que buena parte de sus afectos más importantes pertenecen a esta comunidad. Anna, mi amiga, concluyó su breve y solidario texto sumándose a nuestra alegría, cerrando con un ‘FELIZ DÍA DEL ORGULLO’.
Luego de darle un ‘me gusta’ (con corazón), empecé a leer comentarios. Me topé entonces con la opinión de un hombre que no conozco, que decía. “No veo nada inclusivo en una celebración que requiere tener que ser gay para sentir orgullo”. Luego, este mismo hombre, agregaba que no se imaginaba un día del orgullo heterosexual.
“¡No chingues!” pensé.
¿Qué no es evidente por qué no es necesario el día del orgullo heterosexual? Evidentemente, para algunas personas, no lo es.
Mi amiga, con paciencia y cortesía, se molestó en recordarle al individuo que ser heterosexual siempre se ha considerado normal, mientras que la homosexualidad (no se diga la disforia de género) permaneció como enfermedad mental, en el Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales, hasta 1990.
Hubo un amigo de Anna que, como respuesta al comentario de este individuo, envió una imagen de ‘10 razones por las que no es necesario un día del orgullo heterosexual’. Estaba, por ejemplo, el que no hay países en los que sea delito (incluso castigado con pena de muerte) ser heterosexual. Tampoco se sabe de padres que echen a sus hijos de casa por su heterosexualidad, o que los prefieran enfermos, en la cárcel o muertos que heterosexuales, entre otras tantas.
Este incitador a la polémica insistió en calificar al Orgullo Gay como paradójico, argumentando que, si ahora el consenso científico es que la homosexualidad es tan normal como cualquier otra orientación sexual, entonces ¿cuál sería la razón de sentirse orgulloso por algo que es normal? Uno debería sentirse orgulloso por cosas que requieren de esfuerzo y trabajo. Luego entonces, la orientación sexual no debería ser motivo de orgullo.
No libre de irritación, tuve que aceptar que el hombre tenía cierta razón, pero también sabía que la cosa no es tan simple. Esto no se trata sólo de sentir orgullo por ser gay, lesbiana o trans. De cualquier manera, en ese momento no quise entrar en el vaivén de cometarios y respuestas, respuestas y comentarios, más que nada por pereza, pero me quedé pensando en el tema.
Días después, pensando en esto mismo y en ‘orgullo’, la palabra clave que desató esta polémica feisbuquera, llegué a un razonamiento que me pareció bastante acertado.
Por siglos, la sociedad y la política, animadas por instituciones religiosas, orillaron a sentir vergüenza a aquéllos que no somos heterosexuales. Una vergüenza tóxica que destruyó y sigue destruyendo vidas. Entonces, está muy claro, lo opuesto a la vergüenza es el orgullo, es por eso que se hace énfasis en el orgullo de esta celebración, porque el orgullo contrarresta la vergüenza. Quizá es una conclusión simplista, pero, en mi opinión, congruente.
Consideré abstenerme de expresar mi sentir en la publicación y sólo escribir mis reflexiones al respecto en este blog, pero, en una tarde de ocio y cuarentena, se me ocurrió investigar (vía Facebook) quién es este señor que se había tomado la molestia de filosofar en torno a lo ‘absurdo’ del orgullo gay.
Supe entonces que este hombre es cubano, vive en Miami y apoya fervorosamente la reelección de Donald J. Trump.
Intento ser mesurado cuando no estoy de acuerdo con las opiniones e inclinaciones religiosas y/o políticas de las personas. Cuando se trata de Donald Trump, mi tentativa de mesura falla miserablemente. Su ideología, su discurso, su incongruencia, sus modos, su voz, su color naranja; en pocas palabras, su ‘Trumpicidad’, me descoloca.
Una vez que supe de las preferencias políticas de este hombre que juzgaba el orgullo gay, sentí la necesidad de responder y, haciendo un gran esfuerzo por no actuar visceralmente y decirle algo así como “¡Vete a la chingada, hijo de Trump!”, fui de vuelta a la publicación y, de manera muy educada, expresé mi opinión cuyo razonamiento es: ‘luego de haber sido avergonzados por siglos, el orgullo es el antídoto para la vergüenza’.
Poco después, el trumpista me respondió: ‘sentir vergüenza por por ser gay, es tan distorsionado como sentir orgullo’.
Lo peor del caso es que estoy de acuerdo. Pero insisto, en este caso no es tan sencillo. Entonces contesté con una definición de orgullo que encontré por ahí: ‘Orgullo: emoción autoconsciente que ocurre cuando una meta ha sido alcanzada, y el propio logro ha sido reconocido y aprobado por otros. Difiere de la alegría y la felicidad en que éstas no requieren de la aprobación de otros para ser experimentadas.’
De nuevo obtuve respuesta y, he de reconocer, el sujeto debatió con buenos argumentos, aunque ignorando aspectos básicos de la cuestión. Me dijo, palabras más, palabras menos, que, ‘cualquier ser humano capaz tiene mejores razones para sentirse orgulloso. La orientación sexual no debe ser motivo de vergüenza u orgullo para ninguna persona pensante.’
Inspirado, ‘agarré y le dije’:
‘El orgullo viene no de la orientación sexual, sino de la lucha, interna y externa, que generaciones de no heterosexuales han resistido, en diferentes grados, contra discriminación, represión y violencia debido a ignorancia desenfrenada, incluyendo la ignorancia propia. Un orgullo que puede ayudar a mucha gente, aún oprimida, a salir de la oscuridad’.
Arrogante, ‘agarró y me contestó’:
‘Un circo que sólo degenera lo que se ha obtenido no puede tener el apoyo de muchos. Deja de reducirte a una comunidad. Deja de reducirte a una orientación sexual. Sé aquello por lo que peleaste y lograste, un ciudadano como el resto, con credenciales, con deberes y logros, con familias y proyectos para sacar adelante. Deja tu sexualidad a dónde pertenece, es sólo una pequeña parte de todo el mundo. Deja de darle vueltas. Esos desfiles de payasos son ofensivos para ti como individuo, te reduce a muy poco. Tu homosexualidad es sólo como mi heterosexualidad. No dice absolutamente nada de nosotros’.
‘¡Ah, sí! Pues vete a la verga pinche nazi de mierda’ No fue lo que le respondí, sobre todo porque no creo que sea nazi, entiendo su punto y, a pesar de su respuesta condescendiente, comprendo lo que el tipo quiere decir, aunque me parezca horrible apoye a Trump.
Mi respuesta:
‘Aprecio todas esas perlas de sabiduría de cómo debería vivir y no mi vida, aún cuando no te las pedí, más aún cuando no me conoces y, por lo tanto, no tienes ni idea de mis credenciales, sentido del deber, vida familiar, proyectos, etc. Ese circo que señalas con tanto juicio, ha hecho mucho por despertar conciencia respecto a los derechos de muchas minorías, al menos aquí en México. Me habría encantado dejar mi orientación sexual a donde pertenecía, pero me vi forzado a defenderla. Sin embargo, no me reduzco en lo absoluto a “un hombre gay”, es sólo un aspecto de mí que resguardo con ORGULLO, sí, porque me costó sudor y lágrimas entender que está bien, que no hay nada de malo en ello. Eso es todo. Aún cuando no disfruto todo acerca de esos ‘desfiles de payasos’, no me ofenden. Son fiestas donde todos los que sienten afinidad con la causa son bienvenidos. Las bobadas y los payasos resultan perfectos en estas ocasiones, no tanto a la hora de liderar un país, como hemos visto en los últimos tiempos [golpe bajo, comentario pasivo-agresivo de mi parte, lo admito]. En cuanto a la sexualidad no diciendo ‘absolutamente nada acerca de nosotros’, si mi memoria no me traiciona, conocimiento popular y académico parecen tener una opinión distinta. La sexualidad y la manera en que la expresamos o la reprimimos; la cantidad de vergüenza o ausencia de ésta, así como muchos otros factores, tienen un impacto profundo no sólo en individuos, sino en sociedades y civilizaciones. No obstante, ya sé que tendrás algún argumento arrogante y simplista para desestimar el punto en el que quiero enfatizar. Así que estemos de acuerdo en no estar de acuerdo’.
Su respuesta:
‘Hablaba en general, no me refería a ti. Todo bien, gracias por el intercambio’
La mía:
‘Igualmente’.
Así concluyó este intercambio de opiniones social-virtual respecto al Orgullo Gay. Y no puedo evitar seguir pensando no sólo en el orgullo sino también en la vergüenza, dos caras de la misma moneda como ya lo expresé antes. Ambas emociones necesarias para construir una autoestima sólida y una vida sana, pero también emociones que tienen manifestaciones tóxicas y que pueden destruir desde individuos hasta naciones.
Lo único que se me ocurre como conclusión es que más vale combatir la ignorancia, sobre todo la propia; respetar las diferencias y las elecciones de otros seres humanos al expresar su individualidad, su forma de amar e incluso de divertirse y celebrar. No precipitarnos a juzgar sin antes hacer un intento por entender al otro; practicar la humildad que no es lo mismo que ponerse de tapetito; admitir errores y pedir perdón cuando haya que hacerlo; cultivar el esfuerzo, el agradecimiento, la compasión, la razón y el amor propio para poder ser verdaderamente empáticos con aquéllos que están en desventaja, que son cada vez más. No veo cómo los humanos podremos seguir existiendo sin cooperación. Para cooperar hay que comunicarse, y resulta imposible comunicarse sin entenderse.

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